Libros Walden reedita el fanzine Tremolina

Allá por mediados de la nueva década de este milenio, asistimos a la última bocanada de los fanzines en papel. El potencial de internet apenas daba más que para alguna lista de correos y páginas caseras sobre unas plantillas de Yahoo, así que fuimos -y me refiero a varios de los componentes del sello- los que llevaron el último testigo a la meta. Cogimos el DIY que venía desde medidos de los 70 y treinta años después acabó la carrera cuando fue fácil crear blogs en los que exponer tus inquietudes, gustos, consejos. Bien, la comunicación era mucho más directa y sobre todo barata.

Algo se perdió en el camino. No es lo mismo correr campo a través que en una cinta. No es lo mismo leer en una pantalla que esperar que llegue el sobre, recogerlo en el buzón, contemplar la portada, abrir y leer pasando poco a poco las hojas. Todo es correr, todo es leer, pero…

De aquella época deriva el fanzine Bang!, adscrito a ciertas nuevas tendencias madrileñas y que acabó colaborando con Gramaciones Grabofónicas. De hecho gran parte de esos francotiradores, al inundarlo todo el espectro de internet, siguieron con más iniciativas, como es claro ejemplo también este sello. Con este bagaje, Manu, desde Bang!, creo Discos Walden y se preocupó de hacer bonitas ediciones de tesoros ya clásicos a la par que escondidos. En un principio fue el fanzine Stamp -en gran medida nuestro mentor de finales de los 90- y ahora le toca el turno a Tremolina.

Tremolina tenía una espacial originalidad en una época en la que todos los fanzines conformaban un mundo caótico y convulso. Era una época sin criterio definido, con un bagaje cultural de muchos años de pop y todos sabíamos que teníamos que buscar, pero no sabíamos dónde, así que los contenidos aliaban grupos minoritarios, cine entre lo bizarro y lo exquisito, literatura de Nóbel y de kiosko… Algo tendría que haber ahí que nos dijese por donde tirar. Y Tremolina lo llevaba al extremo.

Era capaz de dedicar un número a John Hugges y de rebuscar entre las grabaciones olvidadas de la ciudad de Olympia, ser enormemente pop y meter ahí la internacional situacionista, descubrir a La Casa azul y adorar a Felt, meter reseñas de nuestros Zona Negativa o Zola, libros de Kiko Amat y petardeos con Chico y Chica. Gentes que conforman un mundo secreto y que aún son emocionantes.

Pero lo curioso es que, hurgando engtre sus páginas, me veo yo mismo. Hay un par de artículos en los que este que les habla metió la mano, uno sobre Puskarra y otro sobre Melodrama. No es extraño, en esa época todos colaborámos con todos, todos buscábamos, y el hecho de que internet ya sirviera para enviar textos ayudo a crear redes de palabras. Quizás fuera bueno que se editase una recopilación de fanzines de aquellos años, los que el Tremolina nombra y algunos más. Imprescindible que fuera acompañada de un cd con una selección de grupos que nunca pasaron de la maqueta. Más que nada para que quedara constancia de que fue una época subterránea, pero fértil y animosa. con bonitas canciones.

(Autor: César Prieto)

Podéis comprar la reedición de Tremolina en la web de Libros Walden.

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